El testamento vital y la eutanasia

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Muchas son las personas que recientemente han conocido por primera vez, han podido ampliar su conocimiento o han mostrado interés por la figura del Testamento Vital y sus efectos jurídicos, también conocido como documento de voluntades anticipadas, instrucciones previas o manifestaciones anticipadas de voluntad. Para entender su repercusión, en primer lugar debemos remontarnos a la propuesta de ley de la eutanasia que impulsó el PSOE a finales del año 2018. Desde entonces, dicho proyecto de ley ha generado intensos debates políticos, multitud de estamentos de la sociedad se han manifestado públicamente al respecto, se ha convertido en un tema recurrente en prensa y redes sociales, y ha ocupado espacios destacados en los boletines informativos de televisión. Asimismo, la eutanasia ha entrado de lleno en la presente campaña política a raíz del muy reciente caso del hombre que ayudó a morir a su mujer con esclerosis múltiple; por ese motivo, estas últimas semanas el asunto, especialmente sensible, ha generado un encendido debate entre la ciudadanía y los políticos. Las disputas se han acentuado por las controversias morales, ideológicas y jurídicas surgidas entre los miembros de los principales partidos políticos durante la campaña electoral para las próximas elecciones generales del 28 de abril, a raíz de despenalizar o no la eutanasia (activa), como intervención humana destinada a acabar con la vida de un paciente terminal con la intención de evitar el sufrimiento y el dolor del individuo.

El Testamento Vital, como fiel reflejo del derecho consagrado de la autonomía de la voluntad de las personas, es un documento de voluntades anticipadas, en el cual una persona física mayor de edad, con capacidad suficiente y de manera libre, manifiesta expresamente las instrucciones relativas a sus cuidados y tratamientos médicos que desea recibir, en caso de que se encuentre en una situación en la que no pueda decidir por sí misma o no pueda expresar libremente su voluntad. En el documento se puede designar un representante, como interlocutor válido y necesario entre el médico o equipo sanitario, por tal de que le sustituya en caso de no poder expresar su voluntad por sí misma. Es fundamental que se tenga constancia fehaciente de que el documento se otorga con plenas facultades, por lo que deberá ser formalizado ante notario, o ante testigos mayores de edad y con plena capacidad de obrar. Su contenido regula, en situaciones de limitación física o psíquica grave de una persona (estado vegetativo, agonía, enfermedad maligna diseminada, daños cerebrales graves e irreversibles, etc.), aspectos como las instrucciones y límites sobre sus cuidados médicos, los objetivos vitales y valores personales del sujeto, o ciertas declaraciones de voluntad relativas a su fallecimiento, como por ejemplo, la donación de órganos, el entierro o la incineración. El documento de voluntades anticipadas está regulado por cada Comunidad Autónoma, en virtud de la atribución de competencias que emana de la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. Por ese motivo, en este artículo no entraremos al detalle de todas las especificidades que regula cada administración competente, si bien es cierto que todas las legislaciones comparten los mismos principios básicos que fundamentan la naturaleza de este derecho. Finalmente, nos gustaría añadir que el Testamento Vital puede ser modificado, sustituido o anulado con posterioridad, siempre que el sujeto se encuentre en plenas facultades y pueda expresar libremente su voluntad. El documento puede ser inscrito en el Registro de Instrucciones Previas de cada autonomía, para asegurar su eficacia en todo el territorio nacional.

Trayendo a colación el tema de la eutanasia, es de interés mencionar que el Testamento Vital no puede incorporar previsiones contrarias al ordenamiento jurídico o a la buena práctica clínica, o que no se correspondan exactamente con el supuesto de hecho que ha previsto el sujeto antes de emitirlo. Actualmente, en España la eutanasia (activa) está castigada en nuestro Código Penal como delito de inducción y cooperación al suicidio, a diferencia de la eutanasia (pasiva), que sí puede establecerse en el Testamento Vital. Es de ver en el intenso debate político surgido a raíz de la posible despenalización de la eutanasia, que la sociedad exige una regulación expresa del denominado derecho a morir en situaciones terminales y de enfermedad grave e irreversible, y eventualmente será responsabilidad de los actores políticos, las instituciones y los jueces determinar jurídicamente sus condiciones. Nosotros nos mantendremos expectantes durante los próximos meses acerca del camino que tomarán los agentes políticos y las decisiones que efectuarán al respecto de este asunto, especialmente tras las elecciones del 28 de abril.

Desde MilContratos, tenemos a disposición de nuestros clientes un modelo del Testamento Vital, al cual podrán acceder a través del siguiente enlace:

Testamento Vital

Carles Saffouri , Director Jurídico de MilContratos.com

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