Laboral y Empresa

Advocatus extincti, superstes o specialioribus

David Figueras Batet, Abogado, CEO de Milcontratos.com

De forma general, podemos aceptar definir una commodity como un bien que se produce en masa o que podemos encontrar de forma abundante en la naturaleza.

Al factor de la abundancia se une la inexistencia de especialización o diferenciación. Y la unión de los dos factores, abundancia y ausencia de diferenciación, implican un valor bajo.

Yo defiendo que, en una gran parte, el Derecho es una commodity: hay abundancia y no tiene especialización. Y eso incidirá en el futuro profesional de los [email protected], un futuro que nos dividirá en cuatro grupos: “Advocatus extincti”, “Advocatus superstes”, “Advocatus specialioribus” y “Advocatus cerritulus”.

Cuando hablo de abundancia y falta de especialización me refiero al derecho contractual, las reclamaciones, las consultas básicas, al derecho de consumo y al derecho procesal básico; me refiero a aquellas ramas y actuaciones en que los profesionales del Derecho usan modelos, plantillas y ese Word que se ha usado mil veces y que tienes en el escritorio guardado (y que luego conlleva que en un divorcio de una pareja sin hijos aparezcan solicitudes de guarda y custodia de unos menores de otro pleito anterior; si el lector [email protected] no ha visto nunca un caso de éstos, no es por pericia de sus colegas; es por falta de experiencia).

Colegas: seamos sinceros y reconozcamos la verdad. Sólo si admitimos que nuestra profesión, el ejercicio de la abogacía, tiene mucho de repetitivo, mecánico y de copy-paste, sólo si admitimos que hay una parte que no tiene valor, podremos enfrentar el problema en la forma correcta.

Aceptemos la anterior premisa, como hipótesis de trabajo (aunque el lector no esté de acuerdo). Si hay una parte del Derecho que debe ser considera una commodity, significa que antes o después se podrá mecanizar, ahorrando costes, mejorando la eficiencia y la eficacia y eliminando al [email protected] del proceso.

No es raro, ni es nuevo, ni es una idea rompedora; nosotros eliminamos a las agencias de viaje para comprar billetes de AVE Barcelona – Madrid; nosotros eliminamos al pequeño comercio cuando aprendimos a comprar por Amazon directamente del mayorista o del productor; nos eliminarán (a los Abogados) para todos aquellos trámites donde no aportamos valor: reclamar una factura, recurrir una multa, preparar un contrato o presentar un verbal de importe inferior a 2.000 Euros. Y así muchos más asuntos donde no aportamos valor.

¿Y qué nos quedará? En mi opinión, tras la tempestad, quedarán tres grupos, más el grupo de los raros (entre los que me incluyo):

  • Advocatus extincti” (Los que desaparecen): es el grupo que niega la existencia del problema, que cierra los ojos y que confía en que “el cliente siempre necesitará el contacto humano, la sapiencia del Letrado y el asesoramiento personalizado”. Este [email protected],  en un sector con más de 250.000 colegiados, concentrados en despachos de 3 profesionales y con una media de facturación por despacho de 65.000 Euros (si alguien quiere la fuente de los datos y el detalle, le mando los informes) desaparecerá rápidamente. El mix perfecto de caos entre Covid, falta de adaptación, incapacidad de mantener la estructura e incapacidad de encontrar canales para la captación de clientes se llevarán por delante las pequeñas estructuras ineficientes.
  • “Advocatus superstes” (Los que sobreviven, hasta desaparecer tras una larga agonía): es el grupo que ya no puede reinventarse –o que se niega a hacerlo- y que subsistirá en un ambiente complejo, como aquella tienda que contra tiempo y marea aguanta la inevitable gentrificación del centro de la urbe, hasta, al cabo de pocos o muchos años, desaparecer, dejando un halo de nostalgia detrás. Es el despacho unipersonal, sin costes de estructura que con pocos ingresos va aguantando el día a día entre clientes y turno de oficio. La precariedad se irá apoderando de este trabajador poco a poco, como en su día se fue apoderando de otras profesiones.
  • “Advocatus specialioribus” (Un grupo que se especializará y aportará valor): es el grupo que entiende la situación actual, y que, en vez de cerrar los ojos y negar la realidad, la afronta. Este grupo apostará por el valor añadido, hiperespecializándose en campos existentes a fecha de hoy (como el derecho penal económico o la tributación del Impuesto sobre el Valor Añadido en la contratación pública) o en nuevos campos, que a día de hoy empezamos a conocer o simplemente a aventurar (responsabilidad civil de equipos con inteligencia artificial o representación de menores participantes en e-sports).
  • “Advocatus cerritulus” (El [email protected] que quiere eliminar, cuando no aporta valor añadido, al [email protected]): en cola por importancia y por estima profesional está el grupo de los [email protected] raros (en el que me incluyo); somos los que creemos que la eliminación de la figura del [email protected] en el Derecho en los casos donde no aportamos valor añadido debe permitir una mayor democratización de la Justicia, al eliminar un intermediario, haciendo nuestro sistema más justo y equitativo. Siendo por tanto que el fin es loable, se debe trabajar en desarrollos tecnológicos que permitan acelerar este proceso.

Es por tanto el momento de decidir qué queremos ser de mayores. De decidir si vamos a crecer, a sobrevivir o a cambiar de profesión. Pero esta elección debe partir de un examen que debe ser sincero, aunque la respuesta sea cruel, y que se basa en dos preguntas:

Primera pregunta: ¿Aporto valor en mi trabajo?

En caso afirmativo, pasamos a la segunda pregunta: ¿Mi cliente está dispuesto y tiene capacidad para pagar porqué reconoce mi valor añadido?

Si las dos respuestas son afirmativas, estás bien posicionado para ser un “Advocatus specialioribus”, y debes ahondar en ello. En caso contrario, debes decidir si quieres extinguirte, sobrevivir o cambiar.