Laboral y Empresa

En qué consiste la figura del ojeador deportivo

La figura del ojeador deportivo

Sin lugar a duda, nos encontramos ante una de las figuras más anónimas y, por ende, menos reconocidas dentro del mundo deportivo. Pero sin duda, con un papel trascendental en la carrera de un jugador y la posible historia de éxito de un club deportivo.

Dicta la costumbre, que cuando un jugador, ya en calidad de promesa o en total consolidación, es contratado por un club de gran renombre, se lleva a cabo un acto protocolario de bienvenida enmarcado por una escena publicitaria ostentosa, donde la cúpula de la entidad deportiva y el jugador en sí, arrebatan la escena. No obstante, pasa totalmente desapercibida la razón por la que ese acto es posible, ya que sin la figura del ojeador deportivo de por medio, el resto sería muy poco probable.

El ojeador deportivo es un profesional que se dedica a prestar servicios de asesoría, búsqueda, captación y análisis de deportistas, con la finalidad que estos sean contratados o incorporados en la disciplina del club para el que presta sus servicios. También es una de las figuras más controvertidas. Y lo es, por la sencilla razón de que su naturaleza puede encuadrarse en varias figuras jurídicas

  1. Arrendamiento de Servicios;
  2. Régimen Laboral Especial de Deportistas Profesionales;
  3. Régimen Laboral General, lo cual, y dependiendo del camino que tomemos, nos traerá distintas consecuencias, las cuales analizaremos.

¿En qué tipo de relación laboral se encuadra la figura del ojeador deportivo?

Es importante mencionar que por uso y costumbre, la relación que ha unido a los ojeadores con los clubes con los que trabajan se ha caracterizado por estar regulada por un contrato escrito laboral (contiene todos los elementos de un contrato de ese tipo: ajenidad, dependencia, remuneración y regularidad).

No obstante, el problema no ha sido calificar esta relación como de tipo laboral o no, sino determinar si la misma puede encuadrarse en una relación laboral ordinaria (regulada por el Estatuto de los Trabajadores) o una relación laboral especial, como puede ser la de los deportistas profesionales (regulada por el Real Decreto 1006/1985, de 26 de junio, por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales).

En este sentido, han sido los tribunales, quienes en muchas oportunidades han tratado de dar respuesta a la interrogante mencionada, sin haber establecido un criterio que deje conforme a todos los interesados.

El criterio imperante en la jurisprudencia, es el de introducir a los ojeadores como deportistas profesionales (de la misma forma que se califican a los directores deportivos, entrenadores, asistentes técnicos, preparadores físicos, entre otros profesionales), con todo lo que ello significa (imposibilidad de solicitar un despido improcedente por la expiración del término del contrato, imposibilidad de suscribir contratos de duración indefinida, régimen de indemnizaciones por despido, etc.). Sin embargo, ello no implica que sea un criterio definitivo y mucho menos consolidado, ya que han habido múltiples sentencias que no sólo han negado el carácter de deportista profesional de un ojeador, sino que, en ocasiones, se ha analizado su relación desde el punto de vista del derecho civil (arrendamiento de servicios).

Todo este “cúmulo” de criterios ha surgido en virtud de que el trabajo del ojeador puede abarcar múltiples facetas. La principal la conocemos todos, buscar y captar talento deportivo. Sin embargo, los clubes y entidades deportivas han encomendado a estos un sinfín de actividades que no se han correspondido con esa principal y, algunas de esas actividades son, incluso, ajenas a la actividad deportiva (organización de eventos por ejemplo), lo cual, al momento de analizar, deviene en problemas y ha generado a que se deba analizar cada caso en concreto así como el modo en el que se acuerde la contratación del ojeador, a los fines de determinar si es o no “deportista profesional”.

Un claro ejemplo de ello, lo tenemos con lo resuelto en una sentencia, la 2781/2004, de 29 de noviembre, de la Sección 1ª de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Murcia. Ese Tribunal determinó, palabras más palabras menos, que el ojeador no era un trabajador del club que lo contrató ya que la forma de la prestación de los servicios y la relación en general, no tenía los elementos esenciales para la determinación de la existencia de una relación laboral (regularidad, ajenidad, dependencia, remuneración). Por el contrario, lo calificó como un profesional independiente que presta sus servicios a cambio de un precio, siendo el régimen aplicable uno distinto al laboral (civil), con las consecuencias que ello conlleva, especialmente al momento de la terminación de la relación y la indemnización que corresponda.

No obstante, y en consonancia con lo indicado por la Abog. Ana Cortés Bendicho en su artículo “Situación Jurídica de los Ojeadores ¿Qué son?”, publicado en la web de Iusport; hasta la sentencia del Tribunal Supremo de 14 de mayo 1985 (RJ 1985/2710), se consideraba siempre que los ojeadores estaban incluidos en el régimen general de la seguridad social, al no reconocérseles carácter de deportistas profesionales. Esta autora también indica que ha sido con posterioridad a esa sentencia que se les ha dado a los ojeadores el reconocimiento como deportista profesional y la aplicación del régimen especial establecido en el RD 1006/1985 antes mencionado. No obstante, vemos casos como el indicado en el párrafo anterior. 

Esta sentencia no ha sido la única que se ha pronunciado en favor de la calificación como deportista profesional de los técnicos, ojeadores o profesiones análogas. Cuando decíamos que era el criterio imperante, es porque la STSJ de Cantabria de 2 de julio de 1997, la STS de 14 de febrero de 1990, la STS 20 de mayo de 1990, la STSJ de Galicia de 26 de diciembre de 2003, la STSJ de Murcia de 5 de diciembre de 2005 (1341/2005), la STSJ de Madrid de 30 de septiembre 2009 (796/2009), entre muchas otras, avalan, en mayor o menor medida, lo indicado.

Es por ello, que nos inclinamos a pensar que las actividades que realiza el ojeador deportivo, quien usualmente se dedica a las mismas de forma voluntaria, por cuenta y dentro del ámbito de organización y dirección de una entidad deportiva, pueden encuadrarse como práctica deportiva. Si bien la jurisprudencia citada equipara la labor de los directores técnicos o deportivos con la de los ojeadores, asistentes técnicos, etc., aun cuando la actividad de estos tiene conexión directa en el resultado deportivo que obtengan los clubes o entidades deportivas donde participen, no es menos cierto que son los ojeadores aquellos que reclutan a la gran mayoría del talento que genera esos resultados (y de forma subsidiaria, los económicos), los cuales son necesarios para el mantenimiento o subsistencia de la institución a la que prestan sus servicios. En este sentido, y formando parte fundamental de la estructura de los clubes, no debería existir razón alguna para no encuadrar la naturaleza jurídica de la relación contractual de los ojeadores dentro del régimen laboral especial de los deportistas profesionales.

No obstante lo anterior, sería deseable en el futuro, quizás a través de la tan ansiada reforma de la Ley del Deporte, o alguna reforma de FIFA o alguna sentencia del CAS/TAS, la creación de una nueva figura jurídica que sea capaz de separar a los deportistas per se de los miembros del cuerpo técnico (entrenadores, preparadores físicos, ojeadores, etc.), de igual forma que se deberá afrontar de una vez por todas la figura jurídica idónea para los árbitros que viven en un limbo jurídico sin precedentes.


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