Leasing/Renting alternativas a la financiación tradicional

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En la sociedad actual la falta de liquidez y disponibilidad de fondos ya no es un impedimento para la adquisición de los bienes que necesitamos, especialmente para aquellos productos que requieran una considerable inversión de dinero.

A continuación, hablaremos de dos figuras contractuales que se han difundido en la práctica comercial y que encuentran su principal finalidad en la posibilidad de disfrutar de forma rápida de los bienes que queramos adquirir y con muchos beneficios fiscales, sin tener que recurrir a la financiación tradicional, estos son: el renting y el leasing.

Conceptos definitorios

Antes de definir estas dos nuevas figuras contractuales (el Leasing y el Renting), debemos tener en cuenta que, si bien tienen sus propias características, en esencia tienen bastantes particularidades en común con otros contratos como: el arrendamiento, la compraventa y la financiación.

Leasing

En la práctica comercial de hoy en día se han difundido nuevas figuras contractuales importadas del derecho anglosajón, un ejemplo clave es el Leasing o arrendamiento financiero.

Tal y como ha señalado el Tribunal Supremo (STS de 2 de febrero de 2006 RJ 2006/494), el leasing es un contrato mediante el cual una empresa autorizada (arrendador financiero) alquila un bien (por ejemplo, un coche o un ordenador) a otra persona ya sea autónomo o empresario (arrendatario). Cabe señalar que el arrendador financiero es aquel que, con carácter previo, adquiere de un tercero un bien objeto del leasing, bajo las indicaciones o necesidades específicas del arrendatario. De esta forma podemos conectar esta figura con la compraventa, ya que el arrendatario podrá subrogarse en todos los derechos derivados de la compra efectuada por el arrendador financiero (derecho de garantía, reparación y mantenimiento).

Sin embargo, este concepto no es suficiente para definir el contrato de leasing ya que la verdadera característica del mismo consiste en la posibilidad de ejercitar un derecho de opción de compra, es decir, el arrendatario podrá, una vez transcurrido el plazo del contrato, comprar el bien alquilado por un precio proporcionalmente reducido dado que se descontarán las cuotas pagadas en concepto de arrendamiento (amortización). De esta última característica se desprende la evidente naturaleza de la financiación, esto es así porque el arrendatario podrá transformar el alquiler del bien en una compraventa, adquiriendo el mismo por un precio bastante reducido debido a la amortización del coste originario a través de las cuotas que hayan pagado hasta el momento de la adquisición del bien.

Renting

La naturaleza de este contrato es discutida en la doctrina, puesto que algunos consideran que tiene su propia autonomía mientras que otros la relacionan con el contrato de arrendamiento (art. 1543 CC), dado que se trata de un contrato en virtud del cual se cede el uso de un bien a cambio de un precio determinado (renta) y por una duración determinada.

La característica esencial del renting consiste en que la cuota mensual que paga el arrendatario para alquilar el bien, que incluye todos los gastos que derivan de su uso. Un ejemplo de ello es el renting de un coche en que el precio del alquiler incluye todos los servicios de mantenimiento, seguro de coche y demás servicios. De esta forma destacamos la principal diferencia entre el renting y el leasing.

Otra gran distinción entre estos contratos es que en la práctica el contrato de renting no incluye la cláusula de opción de compra, aunque nada impide que las partes puedan incluir dicha cláusula en el contrato. Esto se debe a que la finalidad propia del contrato de renting es dar una mayor facilidad de acceso a productos de nueva tecnología y de rápida obsolescencia, con muchas ventajas fiscales.

Además es importante recordar que mientras el renting es accesible a los particulares, el leasing no.

Financiación tradicional

La financiación sigue siendo la opción preferida de aquellos que quieren adquirir la propiedad inmediata de un bien, sin tener la liquidez suficiente para poder hacer frente al precio total del mismo. Además, recurrir a un préstamo con intereses suele ser más asequible, puesto que tiene un coste financiero total de la financiación inferior frente al leasing (aunque conlleve menos beneficios fiscales). Otra ventaja consiste en su flexibilidad, ya que permite extinguir la relación contractual antes del plazo que, a diferencia del leasing, no es posible en tanto que se exige que la duración del contrato no sea inferior a dos años para bienes muebles y diez años para los bienes inmuebles.

Sin embargo renunciar a la adquisición inmediata de la propiedad de un bien puede conllevar diferentes ventajas, sobre todo desde el punto de vista fiscal, como veremos a continuación.

Cuestiones fiscales

Tanto el leasing como el renting, a diferencia de la financiación tradicional, conllevan muchas ventajas fiscales.

El tratamiento sobre la fiscalidad en las operaciones de leasing o renting dependerán de la finalidad para la cual se adquiere el bien, es decir, que tengan fines de actividad económica de forma exclusiva.

También desde el punto de vista fiscal es importante resaltar que la naturaleza del renting es la del arrendamiento y, en cambio, la naturaleza del leasing es la de la financiación. Debido a ello, los gastos derivados de estos contratos se contabilizarán de forma diferente:

  • En el renting las cuotas se contabilizan como gasto (igual que en el arrendamiento), por lo que no aparecerán ni en el activo ni en el pasivo del balance de una empresa con beneficios de tener mayor liquidez.
  • En el leasing, en cambio, las cuotas tendrán que constar tanto en el activo (parte del inmovilizado) como en el pasivo (deuda a largo plazo).

Los beneficios fiscales, de los cuales se puedan favorecer los autónomos y las PYMES, tienen que ver con el IRPF o con el Impuesto de Sociedades y con el IVA.

En relación con los primeros impuestos citados, en el leasing la cuota que el autónomo o el empresario deberá abonar mensualmente será deducible, distinguiendo dos conceptos:

  1. Recuperación del coste del bien por la entidad arrendadora.
  2. Intereses a pagar a la entidad arrendadora (carga financiera).

En el renting, en cambio, no tendrá que desglosar algún concepto de la cuota que la persona pagará. Ahora bien, hay que tener en cuenta que la renta entregada, con carácter general, será gasto deducible, siempre que no incluya el ejercicio de opción de compra.

Finalmente, debemos señalar que, respecto al I.V.A, tanto la operación de uno u otro contrato permite su deducción de hasta el 100%, salvo que el bien objeto del contrato sea un turismo, puesto que en este caso solo podrá desgravarse el 50%. Esto es así porque un turismo no suele destinarse, o es más difícil demostrar, que se destina a actividades empresariales.

Consideraciones finales

En definitiva, estas dos nuevas figuras (el leasing y el renting) tienen un carácter innovador que permiten disponer de un bien, prescindiendo de la necesidad de recurrir a un préstamo para su adquisición.

Cada una de ellas tiene características diferentes que conllevan ventajas y desventajas, por lo que, antes de elegir un tipo contractual en lugar de otro, es importante entender las exigencias que motivan la necesidad de disponer de un bien.

Todos aquellos que quieran adquirir la propiedad inmediata de un bien tendrán que estar dispuestos a recurrir a la financiación tradicional en lugar del leasing, siendo necesario un desembolso inicial y teniendo en cuenta que no siempre es posible financiar el 100 % del importe.  Asimismo, tendrá que renunciar a las ventajas fiscales que como se han visto, podrán disfrutar autónomos y empresarios a la hora de elegir un renting o leasing.

En cambio, los que quieran disfrutar de un bien sin necesidad de adquirirlo, podrán optar por el renting accediendo a un arrendamiento que incluye todos los servicios de mantenimientos y garantía y accediendo, como hemos visto, a considerables beneficios fiscales.

Equipo MilContratos.com

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